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viernes, 1 de junio de 2012

Aokigahara, el bosque de los suicidas

  

                              
El bosque de Aokigahara es el lugar más popular para suicidarse en Japón. Tras la publicación de la novela de Kuroi Juka, en la que un joven enamorado se suicida en el bosque, la gente empezó a quitarse la vida en éste lugar, con un índice de 50 a 100 muertes al año. 
La razón es bien sencilla: Si una persona que quiere suicidarse lanzándose a las vías del metro y lo consigue, la familia tendría que pagar los gastos del funeral, más los daños causados al metro y a los pasajeros que se retrasaron "gracias" al suicidio de esa persona.
Por ese motivo, y también arrastrados por la desesperación y la fama del lugar, muchas personas van cada año a ese lugar solitario para cumplir su último deseo. De hecho, en 2002 se encontraron un total de 78 cuerpos en el bosque, superando el anterior récord de 73 cadáveres en 1998.
La cercanía a la gran ciudad de Tokio también es una de las causas por las que muchos suicidas acudan hasta este lugar, quizás en busca de un lugar tranquilo donde llevar a cabo su último deseo.


En el bosque hay tantos cuerpos sin vida que los Yakuza (mafia japonesa) pagan a los vagabundos para que vayan al lugar a robar los cadáveres. Las autoridades rastrean el bosque una vez al año en busca de cuerpos, ya que el bosque está al pie del Monte Fuji y es demasiado denso para vigilarlo más a menudo.
Muchas personas que acuden a suicidarse al bosque todavía tienen sus dudas sobre si quieren morir o no. Por esto, mientras avanzan van estirando de una cinta plástica que, en caso de cambiar de opinión, les ayudará a encontrar el camino para salir del bosque.

Un mito popular sobre el Aokigahara es que los yacimientos de hierro magnético que hay en el lugar hacen que las brújulas y los GPSs dejen de funcionar, provocando que los viajeros se pierdan.

              

En el Japón feudal del siglo XIX, cuando las hambrunas y las epidemias azotaban a la población, las familias más pobres abandonaban a su suerte a los niños y a los ancianos que no podían alimentar. Durante el siglo pasado el escritor Seich Matsumoto, publicó una novela donde narraba el suicidio de uno de sus personajes en Aokigahara y 1993 otro escritor lanzó una guía para suicidarse donde recomendaba éste bosque como un lugar idóneo para quitarse la vida.

En la década de los 70 las autoridades se vieron obligadas hacer batidas para encontrar los cadáveres de los suicidas. Anualmente 300 operarios se adentran en el bosque para localizar los cadáveres que no han sido encontrados por los visitantes y guardias forestales. Incluso la policía patrulla los alrededores en busca de posibles suicidas.


            

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