}

viernes, 30 de noviembre de 2012

Curiosidad matemática: El color de los sombreros

Bueno, para variar un poco aquí os dejamos éste curioso problemilla de lógica. ¡Divertíos! 

Unos amigos, muy aficionados a las novelas de Sherlock Holmes, vieron que en sendos armarios tenían 4 sombreros, dos rojos y dos verdes, exactamente iguales a excepción del color. Para matar el tiempo en una aburrida tarde de verano, decidieron ponerse los sombreros al azar para intentar averiguar el color que le había tocado a cada uno. Se colocaron tres de ellos en tres peldaños de una escalera y otro encerrado en una de las habitaciones de la casa (con paredes opacas), de modo que los tres individuos anteriores no podían verle. Las tres personas que están en las escaleras, para ser limpios en el juego que ellos mismos han ideado, no podían hablar ni girar la cabeza. El que se sitúa más arriba (A) podía ver el color de los sombreros de C. La persona B sólo podía ver el de C, y Cpara su desgracia no podía ver el de ninguno. Ninguno de los tres podía ver el color del sombrero de D, y este a su vez no podía ver el de ellos ni el suyo propio.

Estas cuatro personas son muy inteligentes, y al cabo de unos pocos minutos uno de ellos da la solución. Todos miraron sus sombreros para comprobar la respuesta y resulta que había acertado. La pregunta es obvia, ¿quién dijo y acertó el color de su sombrero y por qué?




¡Animaos a publicar en los comentarios vuestras soluciones y cómo lo habéis hecho!


martes, 27 de noviembre de 2012

¿Cómo se miden las audiencias de televisión?



Comúnmente se oye decir que tal o cual programa tuvo tantos millones de telespectadores. Que tal o cual telediario es el más visto. Que tal programa es el líder en su franja horaria… Incluso que tal spot televisivo es el que más gente ve.
¿Y cómo lo saben? ¿Son videntes? ¿Se lo inventan?
No, ni mucho menos. Estos datos son unas estimaciones realizadas en base a un muestreo que se lleva a cabo con unos aparatos llamados audímetros.
¿Y qué es un audímetro?
Un audímetro es un dispositivo electrónico que se inventó para medir la audiencia radiofónica y que se ha reciclado para medir la audiencia televisiva.
Este aparato lo instala una compañía de medición de audiencias (en España la medición la realiza el grupo Kantar Media) en hogares seleccionados cuidadosamente en función de las características de sus habitantes, para que sean representativos de la población española.
Es un equipo de gran precisión que automática y permanentemente, durante las 24 horas del día, registra segundo a segundo el consumo individual de televisión, ya que cada miembro de la familia debe identificarse por medio del mando a distancia de cuándo se pone a ver la televisión y cuando deja de hacerlo.
Una vez procesados estos datos, el audímetro los manda vía modem o inalámbrica a un gran ordenador central que los procesa y que obtiene las cifras de audiencia estimadas para el conjunto de la población de un país.
¿Y a quién le interesa la audiencia?
Pues a los anunciantes, ya que las cadenas de televisión fijan el precio de sus anuncios en función del programa o la franja en el que se emitan. Y también a las propias cadenas, que en base a esos datos ponen y quitan programas y valoran su posición respecto a las cadenas competidoras.
Gracias a estos aparatos se ha popularizado el uso de términos como:
Rating: porcentaje de espectadores que ven un determinado programa sobre el total de la población.
Share: porcentaje de espectadores que ven un determinado programa sobre el total de personas que estaban viendo la televisión en el horario de ese programa. También se conoce como cuota de pantalla.
Notas curiosas: Entre otras características, los audímetros identifican hasta 9 miembros del hogar y 7 invitados, controlan hasta 9 receptores de TV por hogar y identifican hasta 250 canales distintos sintonizados en el receptor.
No hay una compensación económica para quienes acceden a meter uno de estos aparatos en su vida. Solo se acumulan puntos que pueden canjearse por regalos.
En España hay más de 4.600 hogares que tienen instalados audímetros.


domingo, 25 de noviembre de 2012

Funeral falso con fatales consecuencias

Muchos de nosotros “soñamos” con poder ver nuestro funeral para saber quiénes asisten a él, para saber con quién contamos, quién nos llora y hasta quién es nuestro verdadero amigo, algo que sinceramente a nadie se le ha cumplido…Bueno, hay un caso registrado de 2007 en el que el bosnio Amir Vehabovic de 45 años se encargó de organizar un funeral ¡Para él mismo! Todo esto con el afán de satisfacer una de las curiosidades que muchos de nosotros tenemos ¿Quiénes irán a mi funeral? Y claro, todo tiene sus consecuencias.


Y Amir descubrió que nadie iría a su verdadero funeral ya que al falso funeral que organizó, solamente  asistió una persona, su madre. Todo esto desató su ira y su coraje hasta el punto de que escribió una carta para los cuarenta y cinco invitados ausentes en la que decía: "Pagué mucho dinero para obtener un certificado de defunción falso y soborné a varios empresarios fúnebres; espero que algunos de ustedes, mis supuestos amigos, me ayuden a pagar los gastos”
Nuestro amigo se llevo una gran sorpresa por querer hacerse el muerto. 
Nunca deberíamos realizar acciones cuyo resultado no queramos observar.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Eland Elliot, el niño que no puede parar de reír

Hoy os traemos el curiosísimo caso de un niño que no puede parar de reír.


Eland Elliot tiene dos años y nació con síndrome de Angelman, un desorden neurogenético que causa graves dificultades de aprendizaje y una sonrisa permanente en la cara. Se podría decir que Eland no puede parar de reír.
Según "The Mirror", esta enfermedad es tan rara que hay registrados menos de 1.000 casos en todo Reino Unido.



La madre del pequeño Elliot, Gale, dice: “Cuando nos sentimos desanimados, la risa de Elliot nos mantiene a todos en marcha, sólo con mirarlo te contagia su alegría. Al final del día, sólo quieres que tus hijos sean felices, y Eliliot lo está siempre".
"El único problema es que si Elliot le hace daño accidentalmente a su hermano mayor, Alex, éste se va llorando, pero Elliot continua riendo sin entender el porqué”. La madre dice que puede doler el pensar que Elliot está contento de hacerle daño a su hermano.


Los padres de Elliot detectaron su enfermedad cuando, de bebé, tenía problemas para alimentarse. Al principio, los médicos y su familia no le dieron importancia alguna. Sin embargo, con seis semanas de vida lo llevaron al Royal Preston Hospital, donde le detectaron la enfermedad.
Su madre dijo que fue duro recibir la noticia, pues jamás había oído hablar del síndrome de Angelman. Buscaron en internet y empezaron a descubrir todos los impedimentos que iba a tener su hijo. El pequeño nunca podrá hablar, aunque se está buscando la manera de poder comunicarse con él. Además sólo necesita unas pocas horas de sueño, ya que a menudo se levanta por la noche y está sólo.
La familia de Elliot ha encontrado consuelo en el grupo ASSERT, que apoya a los afectados por tal síndrome. La propia familia ha fundado una sociedad de recaudación de fondos para Elliot llamada "One Big Tickle".
Si queréis saber más acerca de este curioso síndrome, visitad http://www.onebigtickle.co.uk

viernes, 16 de noviembre de 2012

Su trabajo es matar


Además de cruel e inhumana, la pena de muerte es cara. Cada ejecución le cuesta al Estado de Carolina del Norte más de dos millones de dólares. En Texas, la cifra es muy similar y supone tres veces el coste de tener a alguien encerrado en una cárcel de máxima seguridad durante 40 años. En Florida, mantener en pie este sistema asciende a 51 millones al año, lo que supone que cada una de las 44 ejecuciones que ha tenido este Estado desde 1976 ha costado 24 millones cada una.




Detrás de la aplicación de la pena capital hay funcionarios de prisiones encargados de ejecutar la ley. Su trabajo consiste en liquidar personas condenadas a morir. Los verdugos de la prisión de McAlester (Oklahoma) cuentan su terrible rutina laboral.
Leed las seis, merece la pena:

"Al día siguiente, nadie habla de ello"

Tengo 46 años. Nací en Chicago. Me establecí en Oklahoma con mi mujer. Al llegar, empecé a trabajar como guardia en el centro penitenciario de McAlester. Me quedé 12 años. Hoy soy agente de seguridad en un gran casino y por nada volvería al Big Mac, sobrenombre de la prisión. Participé en quince ejecuciones. El trabajo es sencillo: acompañamos al condenado hasta la mesa y nos encargamos de que se tumbe. Cada uno, de los cuatro que estamos, ata en un minuto una parte del cuerpo: el pecho, un brazo, una pierna o un pie. Cuando el tipo ya no puede moverse, salimos y esperamos. Cuando nos dan la orden, volvemos a entrar y colocamos el cadáver tal cual está, con las agujas en los brazos, las jeringuillas, todo, en una bolsa para cadáveres para que se lo lleven al depósito. Y se acabó. Todo el mundo vuelve a casa. Al día siguiente, nadie habla de ello. Si te han elegido para las ejecuciones es porque han visto que eres fuerte y tranquilo. Si dices que te incomoda, los compañeros se burlarán. Incluso los reclusos se enterarán y dirán: '¡Qué pasa gallina, creía que eras un tipo duro!'. Nunca olvidaré las caras de los condenados al atarles. Hemos convivido durante años, hemos compartido cosas, y la noche de la ejecución te miran como diciendo 'Mierda Dirk, ¿por qué participas en esto?', y tú contestas: 'Me han elegido, ahora tienes que tumbarte'. Me acuerdo de un tipo que sufrió un paro cardiaco en su celda. Fui yo quien avisé a los servicios de emergencias. Al volver del hospital me dijo: 'Gracias, Dirk, me has salvado la vida'. Unas semanas más tarde, le ejecuté. Me parece una locura cuando pienso en ello: le salvé y luego le ejecuté".

"Un hombre pidió cereales para niños como última comida"

"Los días de ejecución, mi trabajo como adjunta del director consistía en supervisar técnicamente el proceso, por ejemplo el transporte de las sustancias mortales hasta la sala. Si ocurría algo fuera de lo habitual, se lo comunicaba al Estado. Como cuando algunas ejecuciones se alargaban. Muchos reclusos eran ex drogadictos cuyas venas estaban dañadas. El equipo no conseguía colocar la aguja correctamente y sobresalía. Volvía a pinchar y volvía a empezar: verlo era terrible. Las familias de las víctimas asistían en silencio a la ejecución y se iban rápidamente. A veces, también estaba la familia del condenado, aunque muchos reclusos les pedían que no asistieran. Recuerdo a una madre que golpeaba el cristal ante su hijo al que estaban ejecutando, llamándonos asesinos. Al final se desmayó. Esa noche estábamos muy afectados. A veces, los abogados también lloraban. A menudo tengo la sensación de haberme vuelto insensible. Un recluso me marcó, un hombre que pidió como última comida unos cereales para niños, con un tazón de leche. El jurado lo declaró culpable, pero siempre pensé que era un retrasado. No tenía familia y parecía feliz. La noche de la ejecución no dijo nada al tumbarse. Solo '¡gracias!', con una sonrisa angelical. Esa noche, por primera vez, lloré volviendo a casa".

"Mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica"

"Para mí las ejecuciones son casi una historia familiar: cuando era un crío, mi padre ya ataba a la gente a la silla eléctrica. Estoy a favor de la pena de muerte sin remordimientos. Pero no le voy a decir que los 25 tipos que ejecuté eran monstruos. Nosotros, por nuestra parte, hacemos nuestro trabajo con profesionalidad, y en general, todo sale bien. Una vez, sin embargo, me hizo reflexionar un tipo que perdió la cabeza una noche y disparó, sin apuntar, contra la esposa de una personalidad importante de Oklahoma City. El tipo no tenía antecedentes. Era divertido e inteligente, una buena persona a la que todos queríamos. La noche de su ejecución, cuando fuimos a buscarle a su celda, estaba inconsciente: se había tragado todos los comprimidos que había logrado esconder a pesar de los registros. Le llevaron de urgencia al hospital donde le hicieron un lavado de estómago. Cuando recuperó el conocimiento le trajeron de vuelta al centro penitenciario y terminamos lo que teníamos que hacer. La prensa le dio demasiada importancia y confieso que al equipo le afectó mucho. Pero somos funcionarios y aplicamos las leyes. Si te cuestionas las cosas no puedes hacer este trabajo, está claro".

"Dios no me lo reprochará"

"Durante años, mi trabajo consistió en vigilar a los condenados y darles su última comida. Por 15 dólares como máximo pueden pedir lo que quieran. Con los 35 condenados que conocí, siempre traté de mantener la distancia. Una noche, sin embargo, un tipo me pidió que tomara la última comida con él en su celda, lo que está totalmente prohibido. Me lo suplicó y me dijo una cosa extraña: 'En un rato, cuando esté con Dios, le voy a decir cómo os portáis con nosotros'. No sé por qué, pero acepté. Le quería mucho y habíamos crecido juntos, durante 11 años. Comimos, hablamos de Dios y de nuestras familias, y cuando volví a mi casa, por primera vez me vine abajo: llorando, pedí a Dios que me ayudara y me emborraché. Por aquel entonces bebía bastante para olvidar. Hoy soy policía municipal y sigo atormentado por un montón de pesadillas. Nunca le he hablado de ello ni a mujer ni a mis hijos ni a mis amigos. Moriré con ello, pero sé que solo cumplí con mi deber y Dios no me lo reprochará".

"En los ojos de los condenados vi un miedo casi animal"

"Dirigí durante 10 años al equipo que ata al condenado a la cama de ejecución (strap down team). No es una vocación, pero el centro penitenciario es la principal fuente de empleo de la ciudad y cuando me propusieron que trabajara en las ejecuciones, acepté. Actualmente trabajo en el sector de los equipamientos y lo prefiero. Cuando buscas a un hombre en su celda observas el miedo en sus ojos. Es un miedo muy extraño, nervioso, casi animal, pero resignado. Nunca he visto a uno de esos tipos resistirse. Avanzan despacio por los pasillos y te hablan de cosas raras, del tiempo, del partido de fútbol o te dicen: 'Layne, la vida va a ser mejor allí arriba'. O bien se alteran y te dicen: '¡Eh, Layne! Sabes que va a haber una llamada del gobernador y que no voy a morir esta noche'. Ante la puerta de la sala, a veces sufren temblores, a otros les cuesta respirar e incluso algunos se desploman y hay que cogerles suavemente por debajo de los brazos para llevarles hasta la mesa. Para mí, lo más duro era volver a casa: te despides de tus compañeros, andas por el aparcamiento, es de noche, todo está tranquilo. Te subes a tu coche, arrancas y conduces en silencio. Piensas en lo que acaba de pasar y te parece irreal. Te dices: 'He hablado con un hombre hace media hora y ahora está muerto'. Llega un punto en el que tienes que dejarlo. Yo esperé 52 ejecuciones. Nunca le he hablado de ello a nadie".

"Los partidarios de la pena de muerte deberían asistir a las ejecuciones"

"Cuando era el director del centro penitenciario de McAlester, me decía: 'No lo olvides, Ron, trabajas para el Estado de Oklahoma y para la ley'. Siempre he evitado pensar en el lado bueno o en el malo de la pena de muerte: son los tribunales los que juzgan. Los políticos defienden el sistema, nosotros lo aplicamos. Si los partidarios de la pena capital asistiesen a las ejecuciones, quizá tuvieran otra opinión. Es muy fácil sacar pecho diciendo que hace falta que los asesinos sufran más. Siempre he tenido ganas de invitar a esos bocazas a asistir a dos o tres ejecuciones: ir a buscar al tipo a su celda, sujetarle cuando se tambalea, pedirle que diga sus últimas palabras a su madre desconsolada o a su hijo y hacerle una señal al personal para que empiece la inyección. Para las familias de las víctimas seguro que es diferente y respeto su decisión. Como director, una parte de mi trabajo consistía en recibirlas y avisarles: 'Cuidado, esto quizá no les aporte lo que esperan'. El Estado y los medios de comunicación aseguran que ayuda a decir adiós, que uno se siente más en paz una vez que el tipo ha sido borrado de la faz de la Tierra. Gran parte de lo que he visto hace que lo dude. La paz viene del interior, no del espectáculo de una ejecución. He tratado de ser lo más respetuoso posible con las familias de las víctimas, los condenados y sus familias. Con frecuencia, estos nos decían gracias antes de la inyección. Espero que esto pruebe que les tratamos con dignidad".
Y vosotros, ¿estáis en contra de la pena de muerte?

Fuente: http://elpais.com


lunes, 12 de noviembre de 2012

¿Leemos lo que retuiteamos?



Los usuarios de Twitter escriben, comentan y 'retuitean' a diario. Miles de 'retuits' sobre noticias, novedades y curiosidades se suceden día a día en la red social. Sin embargo, ¿leen los usuarios aquellos enlaces que comparten con sus seguidores? Según un análisis realizado por el experto en marketing en redes sociales de la compañía Hubspot, Dan Zarrella, la respuesta es "No". 
Los usuarios de la web de 'microblogging' no leen lo que comparten con todas aquellas personas que les siguen.
De hecho, no existe correlación entre los 'retuits' y los 'clicks' de los enlaces que portan los mensajes de 140 caracteres.
En este análisis, que abarcó 2,7 millones de 'tuits' con enlaces insertados, Zarrella encontró varias curiosidades dignas de compartir. En un primer lugar, descubrió que un 16,12 por ciento de los mensajes analizados generaron más 'retuits' que veces se hizo clic en los enlaces.
En segundo lugar, otro dato curioso que se revela con este estudio es que un 14,64 por ciento de los 'tuits' que fueron 'retuiteados' por los usuarios no tuvieron ningún clic.
Es decir, la información o noticia que contuviera ese enlace no fue leído por ninguna de las personas que lo 'retuitearon'.
Esta tendencia cuadra con el comportamiento habitual en los medios tradicionales impresos, en los que muchos lectores no leen más que el titular en las noticias.
Dicho comportamiento también se cumple en Google News, por ejemplo. Un sondeo de 2010 realizado por la firma asesora Outsell señala que el 44 por ciento de los usuarios del servicio de noticias del buscador no pincha en los enlaces de las noticias.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Peng Shulin y la bio-robótica


En 1995,  Peng Shulin, un hombre de nacionalidad china, tuvo un accidente y fue literalmente cortado en dos por un camión. Un equipo de 20 médicos consiguió salvar su vida, y Peng pudo “volver a caminar”. Ahora lo conocen como el “hombre biónico” o también como “el hombre milagro”.
Tras el accidente, la rápida intervención de los equipos de emergencias y a la pericia de los médicos que le operaron durante horas salvó la vida de Peng. La mayoría le daban por muerto al haber perdido por completo la mitad de su cuerpo.
Al tener el cuerpo seccionado por la mitad, sus esperanzas de vida eran mínimas y estuvo postrado en una cama durante muchos años, pero su fuerza de voluntad y sus ganas de vivir dieron la vuelta a la situación.
Un equipo de médicos han ideado un ingenioso dispositivo que le permitiría caminar de nuevo. Aunque todavía no se ha facilitado mucha información sobre el invento, parece que podría ser una revolución en el mundo de las prótesis.
Según parece, el cuerpo de Shulin se encuentra encapsulado en un cofre con aspecto de medio huevo que está conectado a dos “piernas biónicas” que le permiten caminar y moverse con libertad.
Otros casos como el de Jesse Sullivan, que perdió ambos brazos en un accidente laboral, son un claro ejemplo de lo que la tecnología es capaz hoy en día. En 2005 se sometió a una operación en la que se le recuperaron los nervios que bajaban por su brazo haciéndolos crecer de nuevo en sus pectorales. A ellos se acoplaron conexiones a dos brazos robóticos.
La primera mujer en someterse a este tipo de operación fue Claudia Mitchell, que perdió su brazo en un accidente de moto. Ahora ambos son claros ejemplos de lo que la biotecnología es capaz de conseguir con implantes robóticos.
Los avances en robótica de los últimos años no sólo han dado lugar a robots de apariencia cada vez más humana, o de prototipos capaces de bailar, subir y bajar escaleras, etc. La robótica también ha avanzado para conseguir brazos, manos, o piernas cada vez más ligeros, resistentes, y precisos, miembros que pueden implantarse y controlarse directamente con el cerebro.

Fuente: http://tejiendoelmundo.wordpress.com/ciencias/

lunes, 5 de noviembre de 2012

Homer Simpson podría ser un plagio de un personaje de los años 20


La web danesa 22words ha rescatado del baúl de los recuerdos un cómic del sueco Oscar Jacobsson cuyo protagonista resulta extraordinariamente parecido al Homer Simpson de Matt Groening.

 
Bautizado como Adamson, el personaje refleja un extraordinario parecido con el vecino de Springfield. No solo por su apariencia física, sino también por los rasgos de su carácter: torpe y vago, hacía reír a los lectores de la época con sus vicisitudes.

Adamson también tiene propensión a los vicios, solo que en lugar de la cerveza que apasiona a Homer Simpson, es un fumador compulsivo, siempre pegado a sus puros habanos.
Jacobsson comenzó a publicar historietas sobre Adamson en los años 20 y exportó su personaje a varios países de Europa e incluso a China, Japón y Estados Unidos.

Lo cierto es que Matt Groening siempre ha declarado que dibujó a Los Simpsons inspirándose en su familia.

Y tu, ¿qué crees?


viernes, 2 de noviembre de 2012

Amplificador de bateria para tu smartphone

Si algo le podemos achacar al conjunto de smartphones que encontramos en el mercado, sea cual sea, es el consumo de energía y la duración de la batería. A día de hoy nos resulta insuficiente su durabilidad, más si tenemos en cuenta que se trata de un elemento fundamental de trabajo para muchos de nosotros. Ahora y gracias a la startup Eta Devices esto podría cambiar en muy poco tiempo. El desarrollo de un amplificador de energía podría aumentar la vida diaria de las baterías hasta un 50% más.




Un trabajo que tal y como cuentan busca reducir la potencia consumida por los teléfonos junto a las estaciones de carga que los mantienen conectados. Todo gracias a la compañía externa de dos científicos del MIT, quienes han estado desarrollando unos chips de amplificadores de potencia que consumen menos energía que los actuales. Amplificadores que son capaces de trasformar la electricidad en señales de radio y de mantener el smartphone conectado a la red de su operador.
Cuentan los investigadores que los actuales chips de amplificadores de potencia sacan una considerable cantidad de energía en el modo standby, lo hacen para estar preparados a la hora de volver a comunicarse con las torres de comunicación. Teléfonos como el último modelo de Apple, el iPhone 5, tienen hasta 5 chips de amplificadores de potencia, chips que pierden más del 65% de su energía en calor. Esta es la razón de que lossmartphones se calienten al descargar archivos de gran tamaño o utilizando el vídeo en streaming.
Desde Eta Devices explican que con la creación de su chip se puede regular la cantidad de energíanecesaria para la radio para determinar la cantidad de energía que se necesita en unas cifras de hasta 20 millones de veces por segundo. Bajo el denominado asymmetric multilevel outphasing se encuentra esta nueva tecnología para el uso óptimo de la energía que necesita la radio sin necesidad de sacrificar la conexión entre el teléfono y la torre de comunicación.
Eta Devices espera que la tecnología se encuentre disponible en las estaciones de comunicaciones por red LTE a partir del 2013. Las torres pierden actualmente el 67% de su energía en calor y necesitan tener unidades de refrigeración instaladas para mantener los amplificadores de potencia, el chip desarrollado por la empresa reduciría la energía necesaria por las torres en un 50%.
De convertirse en realidad, en unos meses podríamos estar ante el mayor avance desde la aparición de lossmartphones a su principal problema, la durabilidad de su batería y el consumo de energía.