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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Una prueba nos dirá la fecha de nuestra muerte. Y nos hará vivir mucho más felices.



Los telómeros son unas secuencias de ADN ubicadas en los extremos de los cromosomas. Presentes en plantas y animales desde que hay vida en la faz de la tierra, pronto dejarán de ser desconocidos para el gran público porque de ellos dependerán nuestras decisiones vitales más importantes, el estilo de vida y la forma en la que nos enfrentamos a los problemas de salud. De los telómeros se puede extraer información que ni el científico más optimista podría haber soñado hace tan solo una década: la esperanza de vida, el tipo de enfermedades que vamos a sufrir o la influencia de los hábitos alimenticios y de ocio en nuestra calidad de vida, entre muchas otras cuestiones.
Los padres de esta técnica, denominada TAT (Tecnología de Análisis de Telómeros), son españoles y la empresa biotecnológica que ya ha comenzado a comercializar las pruebas también. Se llama Life Length y su irrupción está siendo un tsunami, tanto desde el punto de vista económico como sanitario, a pesar de contar con dos años escasos de vida. Su acelerado modelo de negocio y su capacidad para influir en el desarrollo de otras industrias le ha valido la comparación con el gigante Apple.
El CEO Steve Matlin explica a El Confidencial el alcance que tendrá en nuestras vidas este hito científico llamado a revolucionar la medicina y nuestras propias vidas. “Cuando las pruebas, que consisten en un análisis de sangre, se popularicen para poder reducir así su coste actual, en torno a los 500 euros, dejarán de ser exclusivas y se incorporarán a la sanidad pública porque la medicina preventiva es barata y eficaz. En unos cinco años estas pruebas se realizarán de forma rutinaria y serán tan comunes como la prueba del colesterol”. La compañía calcula que los costes se reducirán en un 20% cada año que pase.
“Lo ético es saber que la vida es corta para aprovecharla al máximo”
Como ha ocurrido a lo largo de la historia con los avances tecnológicos importantes para la humanidad, no han faltado las voces que plantean cuestiones éticas sobre la implantación de esta técnica. En este caso, el dilema gira en torno al hecho de que si es bueno o malo saber cuándo nos vamos a morir.
En un artículo titulado Es mejor saber cuándo vamos a morir para centrarnos en lo que realmente es importante y publicado en el diario The Independentel filósofo inglés Julian Baggini defiende que tenemos derecho a conocer esta información “igual que cualquier enfermo terminal debe ser puesto al corriente de su situación por los médicos”. Las dudas sobre este avance científico no deben resolverse desde la esfera pública, sino desde la personal: “Cada persona es dueña de su cuerpo y la decisión de someterse o no a estas pruebas tiene que residir en la voluntad individual”.
La planificación de nuestras vidas, continúa el filósofo, será mejor si se conoce la esperanza de vida y los riesgos de sufrir enfermedades hereditarias. Así “podremos empezar a centrarnos en lo que realmente importante en esta vida antes de que sea demasiado tarde”.
La medicina a corto plazo: preventiva y personalizada.
La técnica desarrollada por Life Length consiste en medir cada uno de los telómeros presentes en los cromosomas, teniendo en cuenta que a menor longitud, mayor edad biológica. Esta última es mucho más precisa y real que la edad cronológica, “lo que permite tomar medidas para retrasar el envejecimiento, reducir los riesgos de padecer enfermedades relacionadas con la salud, que al fin y al cabo son la principal causa de muerte, y mejorar la calidad de vida adaptando nuevos hábitos que retrasen enfermedades patológicas como el alzheimer o el parkinson”, apunta Steve Matlin.

Otra de las puntas de lanza de esta compañía será su base de datos en las que se recogerán las estadísticas sobre los factores que más influyen en el envejecimiento, como el tabaco, el sedentarismo o los alimentos consumidos. 
Para el CEO de Life Length, uno de los problemas del sistema sanitario español es que “no tenemos políticas de salud preventivas. Parece que es mejor esperar a enfermarse e ir al hospital, lo que acaba siendo más caro que invertir en prevención”. Matlin sostiene que la medicina de este siglo dejará de ser tal y como la conocemos actualmente.
Una tecnología básica para desarrollar fármacos contra el cáncer.
Una de las industrias que más se beneficiará de estos avances será, sin lugar a dudas, la farmacéutica. “Nuestra tecnología es una gran herramienta para el I+D+i en el mundo farmacéutico. Una de las máximas aspiraciones tiene que ver con el desarrollo de un medicamento que permita regular la pérdida de telómeros para controlar así el envejecimiento”, añade Matlin.
Otro de los retos es encontrar la fórmula para acelerar el envejecimiento, que se emplearía para matar las células cancerígenas. “Cuando las células mutan, generan telomerasa de forma natural, una encima que provoca que el cáncer se extienda rápidamente. Por ello, si encontramos una proteína que interfiera en la segregación de telomerasa estaríamos creando un fármaco muy potente contra la mayoría de tipos de cáncer”.
La industria de la alimentación será otra de las grandes favorecidas. Los alimentos destinados a reducir el colesterol o a corregir otro tipo de patologías podrán contar con una mayor evidencia científica.
Las empresas biotecnológicas pertenecen a uno de los pocos sectores que no solo están capeando el temporal de la crisis económica global, sino que no han dejado de generar beneficios durante estos últimos años. El caso concreto de la española Life Length es paradigmático, al conseguir extender su presencia en más de una veintena de países y cerrar acuerdos con los mayores laboratorios farmacéuticos del mundo en tan solo 24 meses de vida.
Los informes de la Asociación Española de Bioempresas (ASEBIO) dan buena cuenta del peso que está adquiriendo este sector en el conjunto de la economía.
La biotecnología es el presente y el futuro. De ella van a depender grandes cambios en nuestra forma de vida. Magnífico.








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