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domingo, 20 de enero de 2013

¿De donde vienen nuestras expresiones más comunes?


¡A buenas horas, mangas verdes!: expresión donde se lamenta la tardanza en la ayuda, especialmente cuando esta ya es inútil o innecesaria.
Se localiza esta expresión en el siglo XVII, aunque las “mangas verdes” tienen su origen a finales del siglo XV. La Edad Media contaba con un tribunal, llamado la Santa Hermandad, cuya función consistía en juzgar y castigar los delitos cometidos a cielo abierto, fuera de los pueblos y ciudades. La reina Isabel I regularizó y ordenó esta institución en 1476, y puso al frente del tribunal al Duque de Villahermosa, a cargo de más de dos mil soldados. Estos se distinguían por su uniforme: un coleto, o chaleco de piel hasta la cintura y con unos faldones que no pasaban de la cadera. El coleto no tenía mangas y por tanto, debajo al descubierto las de la camisa, que eran verdes. Los lugareños denominaban a estos soldados cuadrillero o mangas verdes, porque iban en cuadrillas y porque el color verde de sus mangas los identificaba de inmediato. Se afirma que esta especie de policía rural fue muy eficaz en sus primeras épocas y que, posteriormente, cedió en disciplina y eficacia. Por esta razón, se supone, el pueblo acuñó la expresión a la que nos referimos,  “¡A buenas horas vienen los mangas verdes¡” como símbolo de inoperancia, tardanza e inutilidad. Nunca a tiempo, y los crímenes quedaban impunes o los propios ciudadanos le ponían remedio, por lo tanto su labor ya era innecesaria.

Hacerse el sueco: desentenderse. Simular que no se comprende o no se entiende determinado asunto con el fin de no involucrarse demasiado.
La explicación más lógica es la que señala que los visitantes de Suecia eran incapaces de comprender la lengua castellana y, por tanto, se desentendía de cualquier asunto que no les afectara directamente. Otros eruditos, en cambio, han sugerido que la expresión deriva de la palabra latina soccus, que significa en su origen “tronco de madera”, de donde se podría interpretar que una persona que se hace el sueco permanece inalterable ante los problemas o asuntos que se les plantea.

Salvado por la campana: que alguien ha evitado hacer algo debido a que otro factor se ha interpuesto.
Antiguamente debido a que el mundo de la medicina no estaba todavía desarrollado, al morir una persona ésta era enterrada viva, bien por catalepsia o por un simple mareo. Posteriormente al descubrirse arañazos en la madera de las cajas fúnebres decidieron poner un pequeño hilo en la mano del difunto conectado en el exterior a una pequeña campana. Si la persona despertaba tiraba del hilo y sonaba la campana. Así se la sacaba y podía seguir con su vida.

Apaga y vámonos: concluir, acabar y terminar algún trabajo.
La expresión no tiene más historia que la del cura que solicita al sacristán o al monaguillo que apague las luces y las velas, para abandonar la iglesia, sin embargo, se dice que en Granda había dos curas que deseaban ser sacerdotes. Como este oficio requiere brevedad y diligencia, se hizo un concurso para ver cuál de los dos curas era capaz de decir una misa en menos tiempo. Llegado el momento del concurso, el primero se colocó tras el altar y dijo: ite, misa est, fórmula con la que se concluye la ceremonia religiosa. Admirado todos ante este prodigio de brevedad, creyeron que sin duda, este cura iba a ganar la plaza. Pero el otro cura se acercó al altar para dar su misa y mirando al monaguillo dijo: “Apaga y vámonos, que la misa está dicha”

¡Vete a la porra! Expresión con la que se despide o se intenta alejar a alguien, de malos modos, con enfado o haciendo burla.
La porra se situaba en el centro del campamento, clavada en el suelo. Cuando algún soldado se comportaba mal o cometía faltas leves, el oficial de turno lo enviaba a la porra, y allí debía aguardar hasta que se decidiese el castigo que se le imponía. En ocasiones el único castigo era vigilar la porra, es decir, estar allí como un espantajo sin hacer nada.
Poner los cuernos: infidelidad matrimonial.

Tiene su origen en los vikingos. Sus jefes podían escoger entre todas las mujeres jóvenes de su territorio a la que estimaran más convenientes para contraer matrimonio o simplemente como amante, si éstas estaban casadas. Cuando el jefe hacía efectivo este derecho, en la puerta de la joven se colocaba una enorme cornamenta de alce, naciendo la famosa frase: “Te pusieron los cuernos” o “eres un cornudo”.


Por último y aunque no es una expresión, os traemos el origen del gesto "corte de mangas":

Este gesto era el que realizaban los prostitutos en la antigua Roma para dar a entender a sus clientes que estaban trabajando. Así, se consolidó como una forma de insultar, expresando por señas que el insultado frecuentaba prostitutos. El significado se ha perdido pero se ha quedado el gesto.

Fuentes: http://historiadoreshistericos.wordpress.com  http://www.cienciapopular.com








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