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martes, 11 de marzo de 2014

Niños prodigio, superdotados y millonarios (Parte 1)

Unos destacan por su coeficiente intelectual, a la altura de las mentes más prodigiosas de la historia. Otros por sus habilidades artísticas o por su destreza con las ciencias y tecnologías.

Jacob Velázquez, virtuoso del piano con tan sólo 5 años



A Jacob Velázquez le gusta jugar y nadar como cualquier otro niño de 5 años, pero cuando se encuentra junto al piano le sucede algo muy especial. Podemos llamarle «pequeño Mozart» o «bebé Beethoven» de Florida, donde vive junto a su familia, porque Jacob comenzó a tocarlo cuando tenía apenas 4 años de edad.
Su madre, Tina, descubrió este «virtuosismo» de casualidad. Su esposo, Willie, estaba en el trabajo, cuando de repente ella escuchó una canción que él había estado tocando al piano la noche anterior. La sorpresa fue mayúscula cuando descubrió que quien estaba sentado ante el teclado era su pequeño Jacob, con tan solo cuatro años.
El profesor de piano de Jacob, comenta que las piezas que aprenden el resto de sus estudiantes les lleva un mes, mientras que él las aprende en una sola clase.
Jacob Barnett, un Einstein de 14 años

«No solo soy más inteligente que Einstein, mi gato en realidad está vivo y muerto a la vez. Como el de Schrödinger (apellido del científico que hizo un experimento imaginario de Mecánica Cuántica con un gato)».
Estos tuits dan una idea de a qué nivel se mueve Jacob Barnett, Jake para la familia, un chico estadounidense de Indiana al que, con 14 años, consideran un nuevo Einstein. Cuando con dos años y medio, los médicos le diagnosticaron síndrome de Asperger (una forma leve de autismo), empezó a recibir educación especial adecuada a esta circunstancia.
Sin embargo, Kristine no podía creer cómo un niño con esa enfermedad podía mostrar tanto interés por unas cartas de colores con letras, de esas que se utilizan para enseñar a los niños pequeños el alfabeto. «Incluso se las lleva con él a la cama, como otros críos se acuestan con su osito Teddy», asegura.
Profetizaban que su hijo nunca leería, que ni siquiera sería capaz de atarse los zapatos antes de cumplir los 16. Pero Kristine decidió seguir sus instintos de madre —y profesora de guardería— y, en contra de todo pronóstico, tomó lo que ella define como «la decisión más temible» de su vida. Avalada eso sí por los puzles de 5.000 piezas que el chaval era capaz de resolver a esa edad. Le sacó de la educación especial que solo había logrado meterle más y más en su mundo (había dejado de hablar) y comenzó a prepararlo para que se incorporase a las clases 'normales'. Así, puso su mirada en seguir la «chispa» de Jacob, como ella la denomina, en aquello que parecía despertar su interés.
La madre de Jacob se dedicó a fomentar lo que parecían ser las grandes aficiones de su pequeño, que se dedicaba a decorar paredes y ventanas con fórmulas matemáticas. Lo extraordinario de todo esto no es que Kristine pudo recuperar a Jacob para el mundo exterior, sino que debajo de esa cáscara impenetrable descubrió una inteligencia que rivaliza con la de Albert Einstein, o al menos eso es lo que se desprende al aplicar el cuestionado coeficiente intelectual, que en el caso del científico alemán llegaba a 160 y en el de este pequeño autista a... ¡170!
Con 8 años, empezó a asistir a conferencias universitarias, sentado en la última fila, absorbiendo todo aquello que era en realidad lo que sumente hambrienta necesitaba. A los 9, investigando con el típico juego de formas, construyó una serie de modelos matemáticos que abrían una nueva vía en el campo de la Teoría de la Relatividad de Einstein. Su madre grabó entonces a su hijo explicando esta tesis, la colgó en Youtube y la envió a la Universidad de Princeton, la misma donde el genio alemán enseñó e investigó. Al ver aquello, el astrofísico canadiense y profesor Scott Tramaine se dio cuenta de que estaba ante algo grande y escribió este correo electrónico a Kristine: «Estoy impresionado por el interés de Jacob en la física y la cantidad de lo que ha aprendido hasta ahora. La teoría en la que está trabajando involucra a varios de los problemas más difíciles de la astrofísica y la física teórica. Cualquier persona que los resuelva está listo para un Nobel».
Así, antes de cumplir los 10, Jacob fue aceptado en la Universidad de Indiana como un estudiante más. Y ocupó un puesto remunerado en el campo de la Física de la Materia Condensada, un trabajo que por su originalidad le valió un récord: convertirse en el investigador de astrofísica más joven del mundo.
Luis Roberto, estudiante de ingeniería física cuántica en Harvard con 10 años

Con tan solo 10 años Luis Roberto Ramírez, un joven mexicano, tiene un cociente intelectual similar al de Albert Einstein. Comenzará el próximo curso a estudiar ingeniería física cuántica en la prestigiosa Universidad Harvard, en Estados Unidos.
«Mi sueño es crear una empresa y vender mis artefactos», apunta el niño en un vídeo distribuido por el Sistema Michoacano de Radio y Televisión. El niño es de la localidad de Zamora, en el estado suroccidental de Michoacán, y está a punto de acabar sus estudios de preparatoria, la educación preuniversitaria.
Ramírez aprendió con solo cinco años a hablar inglés y está aprendiendo también de forma autodidacta a hablar francés y chino mandarín. Hace apenas dos años que fue diagnosticado como superdotado, cuando sus padres empezaron a notar que tenía problemas para relacionarse con otros niños de su edad, y que sus prioridades y gustos no correspondían a su edad.
Entonces pudo comprobarse que tenía un cociente intelectual de entre 152 y 160, al nivel del físico Albert Einstein. «Es un gran orgullo pero una gran responsabilidad también», apuntó su padre Roberto Ramírez sobre este niño, que el curso que viene irá a una de las universidades más prestigiosas del mundo.



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